La música tradicional del Caribe colombiano está de luto. En Barranquilla falleció el maestro Pedro Ramayá Beltrán, a los 96 años, considerado el máximo exponente de la flauta de millo y uno de los grandes guardianes del folclor nacional.
Su partida marca el adiós de un juglar irrepetible, cuya obra trascendió generaciones y se convirtió en parte fundamental de la identidad cultural del Caribe y del Carnaval de Barranquilla.
¿Quién era Pedro Ramayá?
Pedro Ramayá nació en Talaigua Nuevo, Bolívar, en el seno de una familia profundamente ligada a la música. Su padre, Miguel Beltrán, era gaitero, rezandero y curandero, figura clave en su formación.
Desde muy pequeño mostró su talento: comenzó tocando dulzaina y flauta, y a los ocho años ya era reconocido como un virtuoso. Admiraba al flautista Gregorio Polo, quien se convirtió en su gran referente.
A los 12 años formó su primera agrupación, y tras cumplir el servicio militar donde también aprendió a tocar acordeón y guitarra decidió dedicarse por completo a la flauta de millo, instrumento que lo llevaría a la inmortalidad.
El creador de la cumbia moderna de Soledad
Ramayá es reconocido como el fundador de la cumbia moderna de Soledad, una propuesta que renovó los sonidos tradicionales sin perder su esencia.
Su carrera tomó impulso al integrarse a agrupaciones como La Cumbia Soledeña y luego al dirigir el grupo La Bombo Asao, con el que realizó sus primeras grabaciones desde 1961.
Su nombre artístico surgió de manera curiosa: tras versionar en cumbia la canción “Ramayá”, popularizada internacionalmente, un animador comenzó a presentarlo como “Pedro Ramayá Beltrán”. El apodo se quedó para siempre y se convirtió en marca registrada del folclor.
Himnos del Carnaval y patrimonio cultural
A lo largo de su vida, Pedro Ramayá compuso e interpretó canciones que hoy son consideradas himnos del Carnaval y patrimonio del folclor colombiano, entre ellas:
- “El ratón”
- “La rebuscona”
- “Mico ojón pelú”
- “La clavada”
- “La cabuyita”
- “La burra mocha”
- “Viva el carnaval”
- “Mi flauta”
- “La estera”
- “El caballo Chovengo”
Cada una de estas piezas recoge la esencia del Caribe: la fiesta, la picardía, la tradición oral y el ritmo que conecta generaciones.
Su música no solo animó desfiles y verbenas, sino que también se convirtió en símbolo de resistencia cultural y orgullo popular.
Rey Momo y embajador del Carnaval
En 2002 fue elegido Rey Momo del Carnaval de Barranquilla, uno de los máximos reconocimientos para un cultor de la fiesta.
Su relación con el Carnaval fue profunda: acompañó comparsas, formó músicos, y llevó el sonido de la flauta de millo a cada rincón de la celebración.
Como muestra de su legado, una estación de Transmetro en Barranquilla lleva su nombre, inmortalizando su aporte a la cultura de la ciudad.
Un juglar que cruzó fronteras
El talento de Ramayá también llegó a escenarios internacionales. Participó junto a Fruko y Aníbal Velásquez en el proyecto Ondatrópica, grabado en Londres por Will Holland y Mario Galeano, cuyo objetivo fue rescatar los sonidos colombianos de los años 50 y 60.
Este proyecto lo consolidó como una figura clave en la preservación y proyección internacional de la música tradicional.
Maestro, formador y símbolo cultural
Más allá de los escenarios, Pedro Ramayá fue un maestro. Formó generaciones de músicos y transmitió el conocimiento de la flauta de millo como un legado vivo, más allá de la técnica: como identidad, historia y memoria.
En vida recibió el Premio Vida y Obra del Ministerio de las Culturas, reconociendo décadas de trabajo dedicadas a preservar, enseñar y multiplicar el folclor colombiano.
Un adiós que no apaga su música
Con su muerte, Colombia pierde a uno de sus más grandes juglares. Sin embargo, su legado sigue vivo en cada cumbia, en cada desfile del Carnaval y en cada joven que toma una flauta de millo para continuar su historia.
Pedro Ramayá no se va: se queda en el viento que sopla su música, en la memoria del Caribe y en el corazón de una tradición que nunca dejará de sonar.