En Colombia, hablar de duendes todavía genera conversaciones largas, recuerdos familiares y relatos que muchos aseguran haber vivido de cerca. En pueblos pequeños, zonas rurales y hasta en grandes ciudades siguen apareciendo historias sobre seres diminutos que se llevan niños, hacen ruidos extraños, lanzan piedras o aparecen en medio del monte cuando cae la noche.
Aunque para algunos se trata solo de leyendas populares, muchas familias todavía recuerdan casos que ocurrieron hace décadas y que jamás pudieron explicar. En una conversación entre el antropólogo Esteban Cruz, la periodista Yoana Arenas y el investigador mexicano Fepo Aponte, el tema tomó fuerza por la cantidad de testimonios relacionados con desapariciones temporales, niños encontrados con trenzas y encuentros con pequeñas figuras que, según quienes las vieron, parecían humanas, pero tenían algo extraño.
La historia de El Charrito Negro: un duende lo perdió cuando era niño
Uno de los casos más conocidos mencionados durante la conversación fue el del cantante de música popular El Charrito Negro, quien durante años ha hablado de una experiencia extraña que vivió cuando era niño en una zona rural de Sevilla, Valle del Cauca.
Según recordó Yoana, el artista caminaba hacia una pequeña escuela de vereda cuando apareció un niño muy pequeño que empezó a jugar con él. “Empezó a entretenerlo, diríamos en Colombia, a juguetear con él”, relató la periodista durante el podcast.
El detalle que más llamó la atención fue que ese supuesto niño también le cantaba mientras avanzaban por el camino rodeado de naturaleza. El Charrito Negro habría dicho que solo estuvo jugando unos minutos, pero para su familia la situación fue completamente distinta: lo buscaron durante tres días enteros.
Cuando finalmente apareció, estaba tranquilo, sano y decía que simplemente había estado con su “amiguito”. “Ese duende lo que hacía era cantarle al Charrito Negro”, recordó Yoana durante la charla.
En Colombia todavía se habla de niños que “embolatan” los duendes
Durante la conversación, Esteban Cruz explicó que en muchas regiones del país existe una expresión muy conocida cuando alguien desaparece durante varias horas o días: “el duende lo embolató”.
Según contó, estas historias suelen repetirse especialmente en zonas rurales, montañosas o cerca de ríos y bosques. Uno de los casos que recordó ocurrió en Sardinata, Norte de Santander, donde un niño aseguró haber escuchado piedras y ruidos mientras caminaba cerca de un río.
El menor pensó que alguien estaba jugando con él y siguió las pequeñas piedras que le lanzaban desde la vegetación. Poco a poco se fue alejando hasta terminar completamente perdido entre árboles y monte. “Ya no estaba en este mundo, que lo que había alrededor era solo monte, árboles”, contó Esteban sobre aquel relato.
Según explicó, muchas personas encontradas después de estos episodios dicen haber perdido la noción del tiempo y aseguran que para ellos solo pasaron unos cuantos minutos.
Las historias de trenzas siguen apareciendo en familias colombianas
Otro de los detalles que más se repitió durante la conversación fue el de las famosas trenzas hechas supuestamente por duendes. Arenas recordó una experiencia ocurrida dentro de su propia familia, en La Tebaida, Quindío.
Según contó, una de sus tías desapareció mientras jugaba cerca de una zona llena de maleza y árboles. La familia salió desesperada a buscarla durante horas, pensando que alguien se la había llevado.
La niña apareció al día siguiente completamente tranquila y con trenzas en el cabello. Cuando le preguntaron dónde había estado, respondió que se había ido jugando con “un niño pequeñito”. “Me fui jugando con el niño pequeñito que tenía un sombrero”, recordó Yoana sobre las palabras de su familiar.
Ese episodio quedó marcado dentro de la familia como “el duende que se llevó a la tía”, una historia que todavía recuerdan años después.
El Darién y los testimonios de migrantes que hablaron de seres pequeños
La selva del Darién también apareció dentro de la conversación como uno de los lugares donde más historias extrañas se escuchan en Colombia. Esteban Cruz contó que varias mujeres migrantes le hablaron de situaciones inquietantes mientras atravesaban esa peligrosa zona entre Colombia y Panamá.
Según explicó, algunos niños aseguraban ver figuras pequeñas escondidas entre los árboles y la oscuridad. “Hay otros que son como yo, igual de chiquitos, pero no son niños”, recordó Esteban sobre uno de los testimonios recogidos durante sus investigaciones.
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También mencionó casos de madres que despertaban y encontraban a sus hijos con trenzas hechas durante la noche. “Yo nunca le hice una trenza”, decían varias mujeres mientras relacionaban esos hechos con presencias extrañas dentro de la selva.
Además de las trenzas, algunas madres hablaron de pequeños arañazos en el cuerpo de sus hijos, especialmente en el cuello y los brazos.
El duende rumbero de Barranquilla y la casa que todavía genera miedo
Uno de los relatos urbanos más famosos mencionados durante el podcast fue el del llamado duende rumbero de Barranquilla, una historia que comenzó a hacerse popular desde finales de los años noventa en el barrio Magdalena.
Según recordó Yoana, todo empezó cuando desde el interior de una casa comenzaron a salir piedras hacia la calle sin que nadie entendiera quién las lanzaba. Los vecinos pensaban que la familia era responsable de los ataques y empezaron las discusiones.
“No sabemos qué pasa”, repetían quienes vivían allí, mientras los vidrios se rompían y hasta buses de transporte público terminaban afectados por las piedras.
Con los años, el lugar funcionó como cantina y la leyenda tomó todavía más fuerza. Incluso, según relató Yoana, una médium aseguró haber visto “una figura pequeña vestida de verde” dentro de la propiedad.
Hasta hoy, muchas personas en Barranquilla siguen hablando de esa casa y de las piedras que, según varios testigos, todavía aparecen de vez en cuando.
Duendes en cárceles y plazas de mercado en Colombia
La conversación también tocó otro fenómeno poco conocido: la presencia de figuras de duendes dentro de cárceles colombianas. Esteban Cruz aseguró que algunos presos utilizan pequeños muñecos como amuletos y creen que estas figuras les ayudan a esconder objetos o protegerse.
“Ellos los utilizan porque son sus amigos”, explicó durante el podcast. Según contó, algunos internos incluso les dejan ofrendas y les ponen nombres específicos.
Arenas recordó además que en plazas de mercado de Bogotá todavía se venden figuras de duendes relacionadas con el amor, la abundancia y la prosperidad. “Si quiere se lo bautizamos”, recordó sobre las frases que suelen decir algunos vendedores.
Según los relatos mencionados durante la conversación, muchas personas mantienen estas figuras en sus casas y les dejan monedas, dulces o pequeños objetos porque creen que así evitan problemas o situaciones extrañas.
Los duendes siguen ocupando un lugar fuerte en las historias populares colombianas
Al cierre de la conversación, tanto Esteban Cruz como Yoana Arenas coincidieron en que los relatos sobre duendes siguen muy presentes en Colombia, especialmente en zonas rurales y familias que todavía conservan historias antiguas.
Ya sea en selvas, montañas, pueblos pequeños, plazas de mercado o barrios populares, las historias sobre niños perdidos, piedras lanzadas desde lugares vacíos, trenzas misteriosas y pequeñas figuras con sombrero siguen apareciendo en distintas regiones del país.