Misterio

El precio de la ambición: así aparecen las guacas, los tesoros ocultos en el monte

Las guacas son presencias que observan, reaccionan y pueden desaparecer sin aviso alguno.

Creada con inteligencia artificial Las manifestaciones pueden aparecer como llamas que se mueven, luces que se detienen en un punto o sensaciones físicas que alertan sobre la presencia de algo.

Las historias sobre tesoros enterrados han circulado durante generaciones en Colombia, mezclando tradición, misterio y creencias espirituales que sobreviven en zonas rurales y montañosas. En ese universo donde lo desconocido abunda el antropólogo Esteban Cruz conversa con quienes aseguran haber vivido encuentros fuera de lo común.

En una de esas entrevistas, el protagonista es Camilo, un guaquero que narra sus experiencias. Su relato no se centra en la riqueza, sino en una relación directa con fuerzas invisibles que, según dice, protegen y revelan las guacas cuando llega el momento indicado.

Reconstruye su historia desde la infancia, marcada por sombras y ruidos que no tenían explicación. Con los años, entendió que esas manifestaciones estaban conectadas con las guacas. Para él, no hay casualidades en este mundo. Cada señal, cada sonido, responde a algo que está ahí, esperando ser entendido.

Cuando la tierra llama: guacas que se muestran solas

Desde niño, Camilo sintió que algo no era común en su entorno. “Yo dormía solo” y escuchaba “un ruido debajo de mi cama, siempre”, además de ver sombras que luego relacionó con presencias. Esas experiencias, con el tiempo, tomaron forma en su vida como guaquero.

Uno de los episodios que marcó ese inicio ocurrió en casa de su abuela. Una sombra lo llamaba desde una esquina y, tras sentir que le jalaban un pie, decidió revisar el lugar. Allí encontró restos humanos guardados y dijo: “Abuela, ella está diciendo que la saque”, convencido de que esa presencia quería salir.

Desde ese punto, Camilo construyó una idea central: las guacas no aparecen por accidente. “Cuando el tesoro se quiere mostrar”, explicó, es porque el espíritu que lo cuida busca descanso. Por eso, insiste en que antes de tomar algo “hay que decir gracias… pedir permiso”.

También dejó claro que el enfoque no debe ser económico. “Usted ya está pensando en dinero”, dijo al advertir que ese pensamiento contamina el proceso. Para él, el hallazgo debe asumirse como una bendición, no como una oportunidad de enriquecerse.

Ese principio se refleja en la historia de la gallina de oro. Según su familia, él la señaló de niño junto a una lagunita, pero el susto impidió que la tomaran. Meses después, otro hombre sí lo hizo. La lección, según Camilo, es que no basta con verla: la guaca decide a quién se le entrega.

Energías, custodios y señales que guían el camino

Camilo explicó que detrás de cada guaca hay una presencia que la cuida. “Hay la persona que lo cuida, el ancestro”, afirmó, describiendo a estos seres como guías que pueden manifestarse con frío, debilidad, sombras o luces.

Recordó el caso de una luz que aparecía cada noche en un punto específico. Al visitarlo, sintió “un bajonazo” y un frío intenso, mientras una sombra le señalaba el lugar exacto. Luego de excavar, el dueño del sitio encontró pequeñas figuras enterradas.

Para Camilo, ese caso confirma que el custodio no solo protege. También guía. “Él ya quiere tener su descanso”, explicó, indicando que cuando el espíritu se cansa, permite que alguien encuentre el tesoro.

Estas manifestaciones pueden aparecer de distintas formas: llamas que se mueven, luces que se detienen en un punto o sensaciones físicas que alertan sobre la presencia de algo. En su relato, cada señal tiene un propósito y debe interpretarse con cuidado.

Duendes, brujos y entidades que cambian las reglas

No todas las guacas, según Camilo, responden a los mismos custodios. Algunas pasan a manos de otras entidades como duendes o brujos, lo que cambia completamente las condiciones para encontrarlas.

Sobre los duendes, explicó que pueden apropiarse de un tesoro. “El duende se hizo dueño de eso”, dijo, señalando que en esos casos se suele intentar negociar con dulces o monedas brillantes. Sin embargo, también advirtió: “le juegan a usted la travesura”.

En cuanto a los brujos, relató una experiencia en la que escucharon golpes, vieron objetos moverse y, al tocar una piedra, apareció un humo negro acompañado de “un chillar mero brujo”. La conclusión fue clara: ese tesoro estaba protegido por brujería.

Según lo que le explicaron, “no lo puede sacar sino otro brujo”. Esto refuerza una idea clave en su relato: cada guaca tiene reglas distintas, dependiendo de quién la custodie.

La ambición y sus consecuencias en la guaquería

Uno de los puntos más insistentes de Camilo fue el peligro de la ambición. Para él, la intención define el resultado. “Lo bendicen a usted o lo maldicen”, dijo al explicar lo que puede ocurrir tras un hallazgo.

Contó el caso de un grupo que encontró monedas de oro, pero uno de ellos regresó solo y se llevó todo. “Si no habían unas 200 monedas en oro, era poquito”, aseguró. Tiempo después, supieron que ese hombre estaba enfermo.

También relató un episodio donde el oro encontrado terminó siendo carbón. “Cuando llegaron a la finca era carbón”, explicó, atribuyendo ese cambio a la codicia con la que actuaron quienes lo encontraron.

Para Camilo, el error es claro: “Vieron lo monetario”. En su visión, ese enfoque rompe el equilibrio y convierte la bendición en castigo.

Señales que aparecen justo donde nadie las espera

En la práctica, Camilo explicó que la guaquería combina herramientas y señales. El péndulo es una de las más usadas para marcar dirección, pero su lectura puede cambiar en cualquier momento.

Relató que, en una excavación, el péndulo cambió de rumbo y en ese punto apareció “un sapito vivo, verde”. Para él, esa coincidencia no es casual, sino una señal que indica un nuevo camino.

También habló del uso de velas. “Le hago preguntas a la vela”, dijo, explicando que las respuestas pueden verse en la llama, el humo o las formas que aparecen mientras arde.

A esto se suman otras señales: silbidos, luces, fuego y hasta tambores que se escuchan en lugares donde no hay nadie. En conjunto, estos elementos forman un lenguaje que, según él, guía la búsqueda.

Un ritual silencioso donde todo tiene un orden

Camilo explicó que la guaquería mezcla creencias indígenas con prácticas religiosas. “Yo fui criado católico”, dijo, señalando que también incorpora la oración como parte del proceso.

En su experiencia, es fundamental mantener la calma, orar y actuar con respeto. Todo esto se aprende con un maestro. “Yo aprendo de mi maestro”, afirmó, destacando la transmisión de conocimiento entre generaciones.

Su conclusión es directa: “Siempre corazón limpio y pedir permiso ante todo”. Para él, ese principio define quién puede encontrar una guaca y quién no.

Más allá del oro, su relato apunta a otra idea. El verdadero valor, según Camilo, no está en lo que se saca de la tierra, sino en la forma en que se llega a ello. En su relato, las guacas no son solo tesoros enterrados, son presencias que observan, reaccionan y, cuando algo no les cuadra, simplemente desaparecen.