Misterio

Solita y Rosita, las cabezonas que espantan en el Seguro Social en Barranquilla

Aún se habla en las calles de las gemelas que murieron de forma misteriosa en este edificio ahora en ruinas.

Imagen creada con inteligencia artificial Solita y Rosita padecieron hidrocefalia. Testigos las han visto recorrer las instalaciones abandonadas.

La región Caribe está cargada de historias que mezclan el miedo con lo cotidiano. En barrios como Las Palmas, en Barranquilla, lo paranormal es parte del relato popular que pasa de generación en generación. Entre calles polvorientas y edificios en ruinas, sobreviven historias tenebrosas.

Uno de los más recordados ocurre en la antigua sede del Seguro Social, un sitio abandonado que con el paso del tiempo se volvió escenario de apariciones extrañas, cantos sin origen y almas que —según muchos— no han encontrado descanso. Es allí donde se ancla la historia de Solita y Rosita, unas gemelas que, a pesar de no estar registradas en ningún documento oficial, son parte del imaginario barranquillero desde hace décadas.

¿Quiénes eran Solita y Rosita, las gemelas que aún se sienten en Las Palmas?

La leyenda cuenta que en los años 70, en el Seguro Social de la carrera 11 con calle 35, nacieron dos niñas con hidrocefalia. Por su aspecto físico, fueron cruelmente apodadas como “las cabezonas”. Su madre, al ver su condición, habría decidido abandonarlas en un cuarto de aseo del centro asistencial.

Allí las encontró una mujer encargada de la limpieza, quien terminó criándolas con cariño. Las niñas la acompañaban en su rutina y se escondían en ese mismo cuarto cuando llegaban visitas. Pero una tarde, sin explicación, fueron encontradas muertas en ese mismo lugar.

Los relatos de miedo comenzaron cuando cerraron el edificio

Aunque su fallecimiento habría sido conocido por quienes trabajaban en el Seguro, fue hasta finales de los 90, cuando el edificio fue abandonado, que la historia tomó un rumbo más escalofriante. Desde entonces, vecinos y curiosos aseguran haber visto cosas que no tienen explicación.

Dicen que al pasar por el lugar se escuchan risas, palmadas y cantos tenebrosos. Algunos incluso afirman ver a las gemelas sentadas frente a frente cerca de las escaleras, como si siguieran jugando. Otros aseguran que al mirarlas directo a los ojos, sienten una presión en el pecho difícil de explicar.

El canto que hiela la sangre en el Seguro Social

Lo más escalofriante de esta historia es el canto. Varios vecinos han repetido la misma frase que, según ellos, se escucha por las noches, como si Solita y Rosita la entonaran en coro:

“La puerta está abierta y nadie sabe… hay cartas en la mesa y nadie sabe… es casi ya de tarde y nadie… sabe.”

El músico Leandro Sanjuan, quien ha recopilado versiones del mito, sugiere que esa canción podría ser una confesión oculta de cómo murieron. El canto, por sí solo, ha hecho que más de un curioso no se atreva a pasar por la zona después del anochecer.

Una leyenda sin pruebas, pero con muchos testigos

A pesar de todos los relatos, no hay registros oficiales que confirmen la existencia de las gemelas. No hay actas, ni historias clínicas, ni documentos. Sin embargo, eso no ha detenido la expansión del mito. En Las Palmas, son muchos los que aseguran que lo que pasa en ese edificio no es producto de la imaginación.

Y mientras el lugar sigue en pie, rodeado de maleza, paredes resquebrajadas y silencio, los relatos de Solita y Rosita continúan vivos. Porque hay historias que, aunque no puedan probarse, se sienten. Y en Barranquilla, esta es una de ellas.