El movimiento de magnitud 7,0 que se sintió en la tarde de este miércoles 24 de junio en Venezuela generó dudas: ¿es lo mismo hablar de un temblor, un sismo o un terremoto?
El sismo ocurrió a las 5:04 p. m. y fue reportado por el Servicio Geológico Colombiano (SGC). Aunque el epicentro se ubicó fuera del país, el movimiento se sintió en varias ciudades, entre ellas Bucaramanga, donde se realizaron evacuaciones preventivas en edificios.
A raíz de este tipo de eventos, el SGC recuerda la importancia de conocer algunos conceptos básicos relacionados con la actividad sísmica y entender qué significan realmente los términos que suelen utilizarse para describir estos fenómenos.
¿Qué es un sismo?
Un sismo es una sacudida de la Tierra producida por la liberación de energía acumulada en el interior del planeta. Esa energía se propaga mediante ondas sísmicas y, al llegar a la superficie, genera movimientos que pueden ser percibidos por las personas.
Los sismos ocurren principalmente por el movimiento de las placas tectónicas, enormes fragmentos que conforman la capa externa de la Tierra y que se desplazan constantemente unas respecto a otras. Cuando estas placas acumulan tensión y posteriormente se rompen o se desplazan, se libera energía de forma repentina.
Sin embargo, no todos los sismos tienen origen tectónico. También pueden producirse por actividad volcánica o por algunas acciones humanas, como la extracción de petróleo, gas, minería o uso de pozos profundos.
¿Cuál es la diferencia entre temblor y terremoto?
Desde el punto de vista científico, los términos "temblor", "sismo" y "terremoto" hacen referencia al mismo fenómeno: el movimiento de la corteza terrestre causado por la liberación de energía. La diferencia está en el uso cotidiano.
La palabra "sismo" es el término técnico utilizado por entidades científicas y organismos encargados del monitoreo geológico. Por su parte, "temblor" suele emplearse de manera común para describir movimientos que generan poca afectación o que son percibidos de forma moderada por las personas.
En cambio, el término "terremoto" generalmente se utiliza cuando el evento sísmico produce daños importantes, afecta comunidades o es de gran magnitud.
¿Cómo se miden los sismos?
Los sismos son registrados mediante sismógrafos, instrumentos diseñados para detectar y medir los movimientos del terreno.
A partir de estos registros se calcula la magnitud, que corresponde a la cantidad de energía liberada en el foco sísmico.
Aunque durante muchos años la escala de Richter fue la referencia más conocida, actualmente se emplean métodos más precisos como la escala de magnitud de momento.
Por esa razón, los especialistas indican que lo correcto es hablar de un "sismo de magnitud 5,0", "6,0" o "7,0", sin mencionar grados ni hacer referencia obligatoria a la escala de Richter.
Magnitud, profundidad e intensidad: ¿qué es eso?
La magnitud indica cuánta energía liberó un sismo en su origen. La profundidad corresponde a la distancia entre el punto donde se produce la ruptura dentro de la Tierra y la superficie terrestre. Esta se mide en kilómetros.
Los sismos pueden clasificarse como superficiales cuando ocurren a menos de 70 kilómetros de profundidad, intermedios entre 70 y 300 kilómetros, y profundos cuando superan los 300 kilómetros.
La intensidad, por otro lado, es una medida que describe cómo fue percibido el evento y cuáles fueron sus efectos sobre personas, edificaciones, objetos y el entorno natural.
¿Por qué algunos sismos se sienten más fuerte que otros?
El impacto de un movimiento sísmico depende de varios factores. Entre ellos están la magnitud, la profundidad del foco sísmico, la distancia al epicentro, las condiciones geológicas del terreno y las características de las edificaciones.
Los especialistas explican que, en términos generales, un sismo de gran magnitud y poca profundidad suele generar mayores daños en la superficie.
¿Qué son las réplicas?
Las réplicas son movimientos sísmicos posteriores al evento principal y ocurren en la misma zona donde se produjo la ruptura inicial.
Generalmente presentan una magnitud menor y son más comunes después de sismos superficiales.
Estas pueden registrarse minutos, horas, días, meses e incluso años después del evento principal, dependiendo de las condiciones geológicas de la región.