En el marco del plan de recuperación del Centro Histórico de Santa Marta, el Gobierno nacional adecuó una edificación que hoy se convierte en una solución habitacional transitoria para 29 mujeres cabeza de hogar que derivan su sustento de la economía popular. La entrega de Casa Amancay marca un antes y un después para quienes durante años pagaron arriendo diario, vivieron en la inestabilidad y sacaron adelante a sus familias desde la informalidad.
“Esto es un cambio total de la forma como vivíamos antes”, dice Sandra Úsuga, vendedora informal y madre de dos adolescentes. “Antes vivíamos en cerros o en piezas pagando día a día. Era inestable. Aquí tenemos seguridad, estamos cerca del trabajo y les damos calidad de vida a nuestros hijos”. Su voz resume la de muchas mujeres que trabajan en las playas y calles de Santa Marta, que madrugan a buscar el sustento y regresan a un lugar que por primera vez sienten propio.
Casa Amancay es una vivienda cooperativa y comunitaria. Era un antiguo hostal en abandono que la Presidencia de la República, a través de la Agencia Nacional Inmobiliaria Virgilio Barco (ANIM) y Central de Inversiones (CISA), recuperó con una inversión superior a $2.800 millones. Hoy cuenta con 29 habitaciones privadas para familias de una hasta cinco personas y espacios comunes como cocinas, lavaderos y zonas de lavandería.
“Para nosotras tener esta vivienda significa transformación”, insiste Sandra. “Somos madres cabeza de hogar que mantenemos nuestras familias con nuestro propio trabajo. Aquí no solo vivimos mejor; nuestros hijos crecen en un entorno seguro”. La cercanía con sus puestos de venta y servicios les ahorra tiempo y dinero, y les devuelve la estabilidad que parecía imposible.
Lo mismo piensa Sandra San Juan, que labora en el sector de la bahía de Santa Marta. “Nos cambia todo porque ya estamos en un sector más digno, más cómodo, mejor transitado, con mayor seguridad; no vamos a estar en esos barrios donde el ingreso tarde en la noche se nos dificultaba”, expresó.
Durante el acto de puesta en servicio de la Casa Amancay, la viceministra de Vivienda, Aidee Marsiglia, afirmó que “la política de vivienda no es solo subsidio para casa nueva. Hay un abanico de soluciones porque la población es diversa. Aquí garantizamos hábitat digno, cerca del trabajo, con enfoque comunitario y de género”.
Esa perspectiva se traduce en organización. Las beneficiarias no son solo residentes, sino que son administradoras del inmueble a través de una cooperativa. Con acompañamiento social y formación, aprenden a cuidar y sostener el proyecto para que otras familias también puedan beneficiarse. “Las soluciones colectivas son más fuertes”, explicó Nicolás Corso Salamanca, director de la ANIM y presidente de CISA. “Este piloto demuestra que se puede vivir en el centro, en zonas de alta rentabilidad, en condiciones dignas y sin gentrificar”.
Para las mujeres, el respaldo del Estado se siente por primera vez cercano. “Estamos muy agradecidas. Ningún gobierno nos había ofrecido esto”, afirma Rafaela Banguera. “Es un cambio en todos los sentidos”. La casa no borra los años de esfuerzo, pero sí los honra, convierte la lucha diaria en un presente con techo seguro y futuro posible.
Se anunció que la Casa Amancay es el primer proyecto de este tipo que se desarrollará en el Centro Histórico de Santa Marta. El segundo inmueble que se adecuará como espacio de vivienda digna para madres cabeza de hogar es la antigua clínica de Puertos de Colombia y el tercero es una edificación contigua a esta, con los cuales se busca contribuir con la revitalización de esta zona de la ciudad.