En Neiva, la salud ya no se queda solo en manos de médicos u hospitales, ahora también se cuida desde las casas, las calles y los barrios; y es que 18 madres comunitarias FAMI acaban de dar un paso importante al ser certificadas como gestoras de Vigilancia Epidemiológica Basada en la Comunidad, convirtiéndose en piezas clave para detectar a tiempo cualquier alerta en sus territorios.
Esta iniciativa hace parte del fortalecimiento de la red ReVCom, una estrategia que busca que la misma gente sea protagonista en la protección de la salud pública, aprovechando ese conocimiento cercano que tienen del día a día en sus comunidades.
“Con esta incorporación, la red en Neiva sigue creciendo y ya suma 147 agentes comunitarios, de los cuales 89 están en zona urbana y 58 en la rural, demostrando que la vigilancia no solo ocurre en la ciudad, sino también en veredas y sectores más apartados”, indicó la secretaria de salud de Neiva, Lilibeth Galván.
Además, con este nuevo grupo, ya son 35 gestores certificados, lo que evidencia un avance importante en la consolidación de este modelo. La clave aquí es, quien vive en el barrio es quien mejor conoce lo que pasa, y ahora tienen herramientas para reportar a tiempo cualquier situación que pueda convertirse en un problema de salud.
“Estas madres comunitarias no solo cumplen un rol social con los niños y sus familias, ahora también se convierten en una especie de sensor humano que permite detectar señales de alerta antes de que sea tarde”, agregó la secretaria.
Si hay un brote, síntomas repetitivos o situaciones inusuales, ellas pueden identificarlo rápidamente y reportarlo a través de canales directos, lo que facilita una reacción más rápida por parte de las autoridades. Es, en otras palabras, una red de vigilancia que funciona desde abajo, desde la cotidianidad.
¿Cómo serán las capacitaciones de las madres en Neiva?
Las participantes recibieron un curso de 16 horas de formación, donde aprendieron aspectos técnicos, priorización de eventos y manejo de la información. No se trata solo de observar, sino de saber qué hacer con lo que ven, cómo reportarlo y a quién acudir.
Una vez terminado este proceso, recibieron su certificación, que las acredita oficialmente como parte de esta red comunitaria de vigilancia.
“Esta estrategia, impulsada a nivel nacional por el Instituto Nacional de Salud, busca fortalecer la capacidad de respuesta ante cualquier evento que pueda afectar a la población, y es que en temas de salud, el tiempo lo es todo, detectar a tiempo puede evitar que una situación pequeña se convierta en una emergencia mayor”, puntualizó Galván.
Pero más allá de los números y los procesos, lo realmente importante es el impacto en la vida real. Tener a estas madres comunitarias vinculadas significa que hay más ojos atentos, más manos dispuestas y más compromiso en cada barrio. Significa que la salud deja de ser un tema lejano y se convierte en algo cercano, cotidiano y compartido.
Además, este modelo también fortalece el tejido social, porque involucra a la comunidad en la solución de sus propios problemas. No es solo esperar a que las instituciones actúen, sino ser parte activa del cuidado colectivo. Las madres FAMI ahora asumen un nuevo rol con mayor responsabilidad y reconocimiento.