Pereira, conocida como la Perla del Otún, es una de las ciudades más importantes del Eje Cafetero colombiano.
Rodeada de montañas, reservas naturales y paisajes cafeteros, se ha consolidado como un punto estratégico para explorar la región andina del país. Su ubicación privilegiada permite conectar fácilmente con destinos turísticos cercanos como Salento, Filandia, Santa Rosa de Cabal o el Parque Nacional Natural Los Nevados.
A lo largo de los años, la capital de Risaralda ha crecido como un centro urbano moderno sin perder la esencia de sus raíces cafeteras. Su infraestructura, su oferta gastronómica y su cercanía con la naturaleza la convierten en un destino atractivo tanto para viajeros nacionales como internacionales.
Sin embargo, entre sus Oso enorme hecho con cartuchos de fusil se roba las miradas en Pereira hay un lugar que despierta curiosidad por una razón muy particular. En pleno centro de la ciudad se encuentra el Parque La Paz, un espacio público que ha logrado convertir los vestigios de la violencia en una expresión artística cargada de simbolismo. Allí sobresale una imponente escultura que sorprende por su tamaño y, sobre todo, por el material con el que fue construida.
Se trata de un gigantesco oso de anteojos elaborado con balas y cartuchos de fusil, una obra que ha captado la atención de turistas y habitantes de la ciudad por su mensaje de transformación social.
Oso de anteojos gigante en Pereira: la escultura hecha con balas
En la avenida El Ferrocarril entre calles 13 y 14, en Pereira, fue construido el Parque La Paz, un espacio concebido para promover la memoria y reflexionar sobre la historia reciente del país.
En este lugar se instaló una monumental escultura de un oso de anteojos de siete toneladas, considerada una de las piezas de arte público más llamativas de la ciudad.
La obra fue creada por el artista pereirano Federico Uribe, quien utilizó aproximadamente 300.000 cartuchos de fusil y algunos proyectiles de cañón para dar forma a la figura del animal. Estas municiones fueron donadas por el Ministerio de Defensa con el propósito de convertir elementos asociados a la guerra en un símbolo de paz.
La escultura alcanza cerca de cinco metros de altura, incluido su pedestal, y se levanta como una figura imponente dentro del parque. En la base de la estructura se encuentran flores ornamentales que contrastan con la dureza del material utilizado, generando una imagen que mezcla arte, naturaleza y memoria histórica.
El oso de anteojos fue elegido como figura central de la obra por su fuerte valor simbólico. Este animal, también conocido como oso andino, es una especie endémica de Suramérica que actualmente enfrenta riesgos de extinción. De esta manera, la escultura no solo representa un mensaje de reconciliación, sino que también recuerda la importancia de proteger la biodiversidad de la región andina.
El proceso de instalación contó con el apoyo de artistas locales. Entre ellos se destacó Hernando Hoyos, quien lideró el montaje de la obra en el parque y acompañó su integración dentro del paisaje urbano de la ciudad.
Parque La Paz en Pereira: arte, memoria y homenaje a las víctimas de la violencia
El Parque La Paz fue concebido como un lugar para transformar en arte las huellas del conflicto armado colombiano. Su nombre hace referencia al deseo de construir una sociedad distinta, en la que la memoria permita avanzar hacia escenarios de convivencia y reconciliación.
Dentro de este espacio también se encuentra un homenaje a los 22 cadetes de la Policía Nacional que fallecieron en 2019 durante el atentado terrorista ocurrido en la Escuela General Santander de Bogotá.
Para recordar a estos jóvenes, entre ellos dos oriundos del departamento de Risaralda, fueron sembrados 22 pinos vela en el parque. Cada árbol representa la esperanza de paz y el compromiso de mantener viva la memoria de quienes perdieron la vida en ese hecho violento.
Con el paso del tiempo, el lugar se ha convertido en un punto de encuentro ciudadano y en un atractivo turístico dentro de Pereira.
Muchos visitantes llegan para conocer la historia detrás de la escultura, mientras otros aprovechan el espacio para recorrer el parque y reflexionar sobre el mensaje que transmite.
Hoy, el enorme oso de anteojos construido con balas se ha consolidado como un símbolo urbano que resume una idea poderosa: incluso los objetos creados para la guerra pueden transformarse en expresiones artísticas que inviten a la paz, la memoria y el cuidado de la vida.