Salud mental

¿No logra concentrarse? Podría tratarse de TDAH y no falta de ganas

Conocer su origen, riesgos y manifestaciones por etapa permite diagnósticos oportunos y más humanos.

Freepik. TDAH explicado fácil: síntomas, causas y por qué no es falta de disciplina

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es una de las condiciones del neurodesarrollo más frecuentes a nivel mundial, pero también una de las más malinterpretadas.

Durante años ha sido reducido a ideas erróneas relacionadas con la falta de disciplina o el bajo rendimiento escolar, cuando en realidad se trata de una condición compleja que acompaña a muchas personas a lo largo de toda su vida.

Comprender su origen, los factores que incrementan el riesgo y la manera en que se expresa en cada etapa del desarrollo resulta fundamental para avanzar hacia diagnósticos oportunos y abordajes más respetuosos.

Para profundizar en este tema la neuropsicóloga Cristina Gómez, psicóloga egresada de la Universidad de Antioquia y neuropsicóloga de la Universidad de San Buenaventura, explica por qué el TDAH debe entenderse desde una mirada clínica, contextual y profundamente humana.

¿Qué es el TDAH y cómo se manifiesta en cada etapa de la vida?

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo con un curso evolutivo. Esto significa que sus características suelen iniciar en la infancia y, en un porcentaje significativo de casos, se mantienen durante la adolescencia y la adultez.

Se asocia principalmente con dificultades en la atención, la organización, el control de impulsos y la autorregulación de la actividad, generando impactos en el ámbito académico, social, laboral y emocional.

En la niñez y la adolescencia, las señales suelen hacerse visibles en el entorno escolar y familiar. Es común observar problemas para seguir instrucciones, cometer errores por descuido, olvidar tareas, perder objetos o presentar baja tolerancia a la frustración.

A nivel emocional, pueden aparecer reacciones intensas, irritabilidad y cambios bruscos de estado de ánimo, lo que dificulta la regulación emocional.

En el contexto educativo, estas dificultades afectan la gestión del tiempo, la organización del material y la finalización de actividades, lo que puede incidir en el rendimiento académico y en la percepción que el niño o adolescente construye sobre sí mismo.

En lo social, algunos presentan retos para respetar turnos, interpretar normas implícitas o sostener relaciones estables con sus pares. Sin embargo, la especialista resalta que también suelen destacarse fortalezas como la creatividad, la empatía, la energía elevada y periodos de hiperfoco en actividades de interés.

En la adultez, el TDAH suele expresarse de forma menos visible, pero no menos impactante. Las dificultades se concentran en la planificación a largo plazo, la organización de la vida diaria y la priorización de responsabilidades. Es frecuente la sensación de estar constantemente sobrecargado, olvidar compromisos importantes o iniciar múltiples proyectos sin lograr cerrarlos.

En el plano emocional, pueden aparecer ansiedad, frustración persistente, baja autoestima y una sensación recurrente de fracaso, especialmente en personas que no recibieron diagnóstico ni acompañamiento oportuno.

¿Se distrae todo el tiempo? Podría ser TDAH y no falta de interés Crédito: Freepik.

Origen del TDAH y factores de riesgo que influyen en su desarrollo

El origen del TDAH es multifactorial. No existe una causa única, sino una interacción entre componentes genéticos y ambientales que influyen en su aparición y expresión.

Desde la evidencia clínica y neuropsicológica, se reconoce una alta heredabilidad: las personas con antecedentes familiares de TDAH tienen una mayor probabilidad de presentar síntomas, incluso en la adultez.

A este componente genético se suman factores ambientales que pueden aumentar el riesgo, como algunas condiciones perinatales. Entre ellas se encuentran el nacimiento prematuro, el bajo peso al nacer y la exposición prenatal al consumo de tabaco. Determinadas variables socioeconómicas también pueden actuar como moduladores del desarrollo, sin ser causas directas del trastorno.

La neuropsicóloga Cristina Gómez enfatiza que estos factores no determinan de manera aislada la presencia del TDAH, pero sí influyen en su intensidad y en la forma en que se manifiesta. Por esta razón, insiste en la importancia de una evaluación clínica especializada que permita diferenciar el TDAH de otras condiciones y comprender el funcionamiento particular de cada persona.

Otro aspecto clave es la influencia del entorno. Las demandas académicas y laborales altamente exigentes, como la entrada a la universidad o la inserción en contextos laborales competitivos, pueden intensificar los síntomas y llevar a que muchas personas busquen ayuda profesional por primera vez en etapas posteriores de la vida.

Tratamiento del TDAH: una mirada clínica, integral y humana

Hablar de tratamiento en el TDAH implica dejar de lado la idea de “corregir” a la persona. Desde la práctica clínica, el objetivo es acompañarla a comprender cómo funciona su cerebro y a desarrollar estrategias que le permitan desenvolverse con mayor bienestar en su cotidianidad.

El abordaje debe ser integral y personalizado, ya que no todas las personas con TDAH presentan las mismas dificultades ni requieren las mismas intervenciones. La psicoterapia y la rehabilitación neuropsicológica ocupan un lugar central, al trabajar habilidades como la atención, la organización, la planificación, la regulación emocional y el control de impulsos desde situaciones reales y funcionales.

Más allá del entrenamiento de funciones ejecutivas, el proceso terapéutico busca adaptar el entorno, las rutinas y las expectativas a la forma particular en que cada persona procesa la información. En algunos casos, el tratamiento puede complementarse con manejo farmacológico, siempre indicado y supervisado por un profesional de la salud.

La medicación no elimina el TDAH, pero puede facilitar el aprovechamiento de las estrategias terapéuticas y reducir la interferencia de algunos síntomas.

Finalmente, uno de los pilares más importantes del tratamiento es el trabajo con la historia personal. Muchas personas llegan a consulta después de años de cargar frustración, culpa o etiquetas negativas. Por ello, fortalecer la autoestima, validar la experiencia subjetiva y promover una mirada más compasiva hacia sí mismas se convierte en un componente esencial del acompañamiento.

Buscar una evaluación hecha por profesionales capacitados en neuropsicología permite no solo un diagnóstico adecuado, sino también la construcción de un plan de intervención ajustado a las necesidades reales de cada persona, reconociendo que el TDAH es una condición compleja, pero abordable cuando se comprende desde el conocimiento, el contexto y la empatía.